Caliente, renovable y eficiente

El éxito de la transición energética también depende de que se reduzca la demanda energética destinada a la calefacción, la refrigeración y el agua caliente en los edificios, así como de hasta qué punto se cubran las necesidades restantes con energías renovables. Y es que más de la mitad de la energía consumida en Alemania recae en el sector del calor. Casi dos tercios la consumen los alrededor de 40 millones de hogares para calefacción y agua caliente.

Por ello el Gobierno Federal desea reducir la demanda de energía primaria de petróleo y gas en edificios en un 80 por ciento hasta 2050. Para lograr este objetivo será necesario mejorar la eficiencia energética de los edificios de manera considerable e incrementar la cuota de energías renovables destinada a calefacción y refrigeración. Hasta 2020 las renovables deberán cubrir el 14 por ciento de la demanda de calefacción y refrigeración. De esta forma Alemania también cumplirá objetivos europeos: de acuerdo con la actual Directiva de la UE relativa a la eficiencia energética de los edificios, a partir de 2021 todos los edificios nuevos deben tener un consumo de energía mínimo.
Alemania identificó pronto el potencial de ahorro que tienen los edificios. Ya en 1976, a raíz de la crisis del petróleo, el Gobierno Federal de entonces adoptó la primera Ley sobre ahorro energético y seguidamente el primer reglamento sobre aislamiento térmico. Estas normativas se han ido desarrollando y adaptando a los avances tecnológicos. Desde 2009, de conformidad con la Ley de energías renovables en el sector del calor, todos los edificios nuevos deben cubrir una cuota determinada de su demanda energética con energías renovables. Esto es posible, por ejemplo, con ayuda de una calefacción de gas o gasoil con energía solar térmica o un sistema de calefacción que utilice exclusivamente energías renovables, como bombas de calor o calefacción de pellets.

No obstante, el 70 % de los edificios alemanes tiene más de 35 años. Su construcción fue anterior a la adopción del primer reglamento de aislamiento térmico. Muchos edificios no están suficientemente aislados y suelen utilizar calderas antiguas y fuentes de energía fósiles como el gasóleo o el gas. La energía que gasta un hogar alemán medio en calefacción ronda los 145 kWh al año por m2 de superficie habitable, lo que equivale aproximadamente a 14,5 litros de petróleo. Los edificios de nueva construcción altamente eficientes necesitan solo una décima parte de esa cantidad. En los edificios actuales se puede reducir hasta en un 80 % la demanda de energía primaria mediante rehabilitación energética y cambiando a energías renovables. Para ello se necesita aislar mejor el envolvente del edificio, renovar los componentes, modernizar el sistema de calefacción y refrigeración y optimizar las técnicas de control. Tan solo en 2015 se invirtieron unos 53.000 millones de euros en rehabilitación energética, que fomenta el Gobierno Federal mediante subvenciones y préstamos a bajo interés. En 2016, la población alemana ahorró casi 500 euros por persona gracias a las medidas de eficiencia energética, colocándose a la cabeza a nivel mundial en este sentido. Es importante la sustitución de instalaciones de calefacción antiguas y de fuentes de energía fósiles por renovables. Mientras que en 1975 la mitad de los hogares alemanes se calentaban con gasóleo, hoy en día lo hace poco más de una cuarta parte. De las viviendas de nueva construcción terminadas en 2016, el 60 % utiliza energías renovables para la calefacción. Las instalaciones térmicas solares, las calefacciones de biomasa y las bombas de calor, que utilizan calor ambiental, ya cubren en torno al 12 % de la demanda energética para calefacción. Desde el año 2000 el Gobierno Federal ofrece ayudas para renovar los sistemas de calefacción.