¿No les sale demasiado cara la transición energética a los ciudadanos alemanes?

No, la transición energética velará también por que en el futuro la energía continúe siendo asequible. Al mismo tiempo, provee puestos de trabajo y una nueva fuerza económica. Los dos pilares en los que se basa este proyecto, la expansión de las energías renovables y la eficiencia energética, ayudarán a minimizar la dependencia de las importaciones de energía, mejorar la seguridad de abastecimiento y facilitar inversiones rentables en Alemania. La transición energética sale a cuenta.

El precio del crudo ha aumentado de forma significativa en la última década. Consecuencia: mientras que a finales de la década pasada los ciudadanos destinaban menos del seis por ciento de su gasto en consumo privado total en energía, en 2016 esta cifra rondaba el 7,5 por ciento. Esto se debe a que la mayor parte de la factura energética de los hogares alemanes recae en calefacción, agua caliente, cocina y combustibles basados en energías fósiles importadas. Después de que el precio del petróleo disminuyera a finales de 2014, traduciéndose en interesantes bajadas de precios también para los alemanes, los precios del crudo volvieron a subir en 2018. Así pues, los costos se mantienen impredecibles. De hecho, el precio de las energías fósiles y su disponibilidad seguirá dependiendo de los intereses de los proveedores.

No cabe duda de que el proyecto “Energiewende” también conlleva gastos iniciales. Ha sido necesario realizar inversiones milmillonarias para construir una nueva infraestructura energética y poner en práctica medidas de eficiencia. En efecto, la expansión de las energías renovables ha contribuido a que en los últimos años aumentaran los precios medios de la electricidad para los hogares alemanes. Mientras que en 2007 los ciudadanos pagaban de media alrededor de 21 céntimos de euro por un kilovatio-hora, en la actualidad son cerca de 29 céntimos de euro. Con cada kilovatio-hora de electricidad consumida, los ciudadanos contribuyen a la financiación del desarrollo de las renovables por medio de la llamada “EEG-Umlage” (una tasa especial prevista en la EEG transferible a los usuarios). Dicha tasa se sitúa actualmente en casi 6,4 céntimos en 2019. El precio final que han de pagar efectivamente los ciudadanos depende de la conjunción de diversos factores de precio. Así, el precio de la electricidad en bolsa ha caído de manera acusada. Ello se debe a las crecientes cantidades de energía eléctrica generada a partir de energías renovables que se venden a través de las bolsas de energía. Sumados, ambos elementos de precio –la tasa EEG y el precio de la electricidad en bolsa– han experimentado una constante disminución desde hace cuatro años. Por esa razón los costes de electricidad medios de los hogares se han mantenido estables durante el mismo período. Con el cambio al sistema de subasta disminuirán aún más los costos del fomento de las energías renovables y, consecuentemente, el gasto de los hogares.
Para los ciudadanos también es importante que la economía alemana no se resienta. Los costes de energía elevados repercuten en los precios de producto que abonan los consumidores y tienen un impacto negativo en la competitividad de las empresas. Razón por la cual Alemania ha eximido de parte del pago de la “EEG-Umlage” a empresas de elevado consumo energético. No obstante, esta ayuda se presta bajo la condición de que las empresas beneficiarias inviertan más en eficiencia energética.