Energía almacenada

En el año 2050 el 80 por ciento de la electricidad procederá de energías renovables, principalmente de parques eólicos e instalaciones fotovoltaicas. Si repentinamente en Alemania no luciera el sol ni soplara viento, se necesitará un sistema eléctrico que pueda adaptarse con rapidez y flexibilidad a tales situaciones. Una opción son las tecnologías de almacenamiento de energía. En los períodos de mucho viento y sol pueden acumular electricidad. Y pueden volver a suministrarla en función de las necesidades también en períodos de calma, oscuridad y cielos nublados.

Existen numerosas soluciones de almacenamiento: las tecnologías temporales como baterías, condensadores o acumuladores mediante volante de inercia pueden almacenar y suministrar energía eléctrica varias veces al día. Sin embargo, su capacidad es limitada.
Para almacenar energía eléctrica durante períodos más largos, en Alemania se utilizan centrales hidroeléctricas de bombeo. En estos momentos se encuentra conectada a la red alemana una potencia de bombeo de alrededor de nueve gigavatios, encontrándose una parte de las instalaciones en Luxemburgo y Austria. Con estos datos Alemania dispone de las mayores capacidades de la Unión Europea, pero solo puede ampliarlas hasta cierto límite. Por ese motivo existe una intensa cooperación con países que disponen de grandes niveles de almacenamiento. Se trata principalmente de Austria, Suiza y Noruega.
Otra alternativa para almacenar cantidades de energía más a largo plazo son las tecnologías de almacenamiento de energía mediante aire comprimido. En este caso, con la energía sobrante se comprime aire en almacenes subterráneos, por ejemplo en cavidades de minas de sal. Cuando se requiere, el aire comprimido impulsa un generador y vuelve a producir electricidad.
Como enfoque para el almacenamiento a largo plazo, el “Power to Gas” parece más prometedor. En este caso, la electricidad procedente de energías renovables se transforma mediante electrólisis en hidrógeno o gas natural sintético. Las ventajas: el hidrógeno o el gas natural pueden almacenarse, utilizarse directamente o incorporarse a la red de gas natural. Son fáciles de transportar y pueden utilizarse de manera flexible. Las centrales eléctricas, cuando lo requieren, pueden volver a transformarlos en electricidad y calor, y los consumidores pueden cocinar, calentarse o utilizar su vehículo con ellos.

Por ese motivo, el Gobierno Federal está impulsando la investigación y el desarrollo tendentes a reducir los costos del almacenamiento de energía. Desde 2011 existe la iniciativa de ayuda “Almacenamiento”. Además, desde 2013 promueve pequeños acumuladores descentralizados conectados a instalaciones fotovoltaicas. Un nuevo campo de aplicación para las baterías es la compensación rápida de desequilibrios menores en la red eléctrica. De este modo, los automóviles eléctricos que no se usan en ese momento pueden contribuir también a la estabilidad del suministro eléctrico. La introducción en el mercado de un sistema de baterías de este tipo impulsará la investigación y la innovación y reducirá los costes.
En los próximos años crecerá la demanda de acumuladores de energía, especialmente para el montaje en vehículos eléctricos. Se espera que los costes de sistema para todas las tecnologías de almacenamiento en la red eléctrica sean favorables a largo plazo, una vez que la cuota de energías renovables sea muy alta. A corto y medio plazo será más asequible apostar por otras medidas como, por ejemplo, el desarrollo de las redes eléctricas o el control de la producción y el consumo para lograr un uso eficiente de la energía.