En Alemania la transición energética puede funcionar, pero ¿qué pasa con los países económicamente más débiles?

La transición energética no es un lujo, sino que promueve un desarrollo sostenible y económicamente provechoso. En efecto, la transición energética es un impulsor de la innovación que fomenta el crecimiento, la prosperidad y el empleo en sectores de futuro. Por eso, no es de extrañar que, en principio, todos los países quieran diseñar un sistema energético más sostenible.

En los últimos años, los precios de tecnologías renovables innovadoras como la eólica y la solar han disminuido considerablemente en todo el mundo. A ello han contribuido de manera importante las inversiones tempranas en investigación y desarrollo, así como el fomento de las energías renovables en el desarrollo del mercado en distintos países industrializados, con Alemania a la cabeza.
Gracias a la reducción del coste de las inversiones y a unos menores costes de funcionamiento, en algunas regiones del mundo las energías renovables ya son competitivas sin subvenciones. En Norteamérica y Sudamérica los parques eólicos y las instalaciones de energía solar de gran tamaño, por ejemplo, suministran electricidad más barata que las nuevas centrales eléctricas que utilizan combustibles fósiles. Países como China, Brasil, Sudáfrica o la India son líderes en el desarrollo de las renovables. Su proliferación, no obstante, se ha visto en parte dificultada debido a que los países subvencionan los combustibles fósiles para mantener bajos los precios de consumo. Con alrededor de 325.000 millones de dólares al año, estas subvenciones son dos veces tan alto como las ayudas a las energías renovables. Si en lugar de ello estos fondos se emplearan en programas para mejorar la eficiencia energética, se triplicarían los recursos disponibles.
Al tratarse de recursos autóctonos, las energías renovables reducen la dependencia de las importaciones de energía y la volatilidad de los precios de mercado de los combustibles fósiles. Pueden contribuir de manera significativa a cubrir las crecientes necesidades energéticas de los países emergentes y en desarrollo sin ocasionar un aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero o daños medioambientales locales.

En regiones con un bajo nivel de infraestructuras donde la electricidad tiene que producirse costosamente con generadores diésel, las energías renovables son asimismo la alternativa más barata. Las centrales solares y los parques eólicos pueden instalarse en un tiempo relativamente corto, requieren unas fases de planificación y unos plazos de construcción bastante más cortos que los de las centrales eléctricas de carbón o las centrales nucleares. Así pues, de entrada proporcionan acceso a la energía eléctrica a muchas personas. También por ese motivo muchos países han lanzado programas de fomento de las energías renovables.
Alemania apuesta en todo el mundo por una política energética sostenible, innovadora y asequible y comparte su experiencia en transición energética. Mantiene una estrecha colaboración con sus vecinos europeos y socios internacionales. Alemania tiene un papel activo en organismos y organizaciones multilaterales y mantiene un gran número de asociaciones energéticas bilaterales con países como la India, China, Sudáfrica, Nigeria o Argelia.